Carlos Martínez Gª: Falta unidad en el liderazgo evangélico mexicano

Carlos Martínez Gª: Falta unidad en el liderazgo evangélico mexicano Hablamos con Carlos Martínez García, conocido escritor, sociólogo y periodista mexicano. Junto con Óscar Jaime Domínguez, Martínez es pastor de la Iglesia Fraternidad Cristiana/Vida Nueva en la ciudad de México. Además, es miembro fundador del Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano, forma parte de la directiva de la Comisión de Historia de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) y es responsable del blog Kairós y Cronos en Protestante Digital.

En el 2012 fue publicado su libro La Biblia y la iconografía heterodoxa de Carlos Monsiváis, y el pasado 21 de febrero presentó La Estrella de Belén: periódico de la Iglesia Mexicana de Jesús, marzo-septiembre de 1870 (es autor del estudio introductorio y de la compilación). Próximamente publicará otras dos obras: James Thomson: un escocés distribuidor de la Biblia en México, 1827-1830; y Manuel Aguas: de sacerdote católico a precursor del protestantismo en México, 1868-1872.

Pregunta.- ¿Cómo ejerce con excelencia el oficio de escritor?
Respuesta.-La pregunta excede mis capacidades para responderla. Yo ejerzo el oficio de escritor, no sé con qué tanta excelencia. Corresponde a los lectores y lectoras ponderar la calidad de mi trabajo. Lo que siempre procuro es aportar información, y sobre ella baso mi análisis en lo que escribo. Intento aportar argumentos antes que diseminar adjetivos que nada explican. Tengo mis convicciones y desde ellas comparto lo que entiendo de las temáticas que desarrollo en mis escritos.

La honestidad es, para mí, un componente imprescindible en el oficio de escribir. Sin embargo, la honestidad por sí misma no es suficiente para sentarse a redactar algunas cuartillas (folios le llaman en España). A la honestidad es necesario sumarle el constante proceso de formación personal. Hay que ser un asiduo lector de textos escritos (libros, revistas, periódicos y sitios en la inmensa red digital), y también lector de la realidad y los aconteceres de la vida social en la que estamos inmersos. Fue el gran periodista Ryszard Kapuściński quien dijo que para escribir una página antes hay que leer cien. Estoy plenamente de acuerdo con talafirmación. Escribir es un trabajo arduo, que demanda dedicación y un constante sentido de observación de lo que se mueve, y su significado, en nuestro entorno.

P.- ¿Se puede escribir sin pasión?
R.-Difícilmente, porque la pasión es un atributo humano. En el ejercicio de escribir, uno de sus ingredientes es la pasión que nos mueve a comunicar algo. Claro está que no debe dominarnos al grado de perder claridad en el análisis, porque entonces incurriríamos en la escritura panfletaria. Una de las acepciones de pasión, según la Real Academia Española de la Lengua, es “perturbación o afecto desordenado del ánimo”. En este sentido, creo que todos hemos tenido una pasión así. Pero dejarse dominar por ella a la hora de escribir puede resultar en escritos excesivamente distorsionados por un ánimo que no está en sus cabales. Pero si la pregunta sobre si es posible escribir sin pasión implica el rol del corazón, de los sentimientos reflexionados, entonces afirmo que la pasión es parte constituyente de lo que uno escribe.

P.- ¿Estima necesaria una mayor participación de los creyentes en la vida pública?
R.- Me parece que si yo lo estimo, o no, es un tanto irrelevante. Sin embargo, la historia de la salvación contenida en la Biblia afirma, como el clímax de la Revelación, que el “Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. La encarnación de Jesús en un tiempo histórico y cultural determinado es el modelo para la encarnación de sus discípulos y discípulas. Es una contradicción con la fe cristiana vivir “desencarnadamente” en las sociedades donde estamos y habitamos. Jesús, con su ejemplo, nos manda ir a donde está la gente y sus circunstancias. El Cristo que irrumpió en la historia humana hace un doble llamado. Por una parte a ir en pos de él, para después ir al mundo con el objetivo de encarnar los valores del Reino en la sociedad. Hay lo que podemos llamar la fuerza centrípeta del Evangelio, que nos atrae hacia el centro de la Revelación progresiva que es Jesús; pero también hay una fuerza centrífuga en ese mismo Evangelio, la que nos impele a ir a la sociedad para ser personas y comunidades de fe contrastantes con los valores de las distintas sociedades. Entonces la participación de los creyentes en la vida pública es un imperativo que se sustenta en el mandato del Señor que se hizo carne y sangre para ejemplificar el amor de Dios.

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