Juan Pablo Somiedo: “Juan Pablo II, Thatcher y Reagan se llevaron por delante al comunismo y la Teología de la Liberación”

Juan Pablo Somiedo: "Juan Pablo II, Thatcher y Reagan se llevaron por delante al comunismo y la Teología de la Liberación" Juan Pablo Somiedo es sacerdote, experto en Relaciones Internacionales de la Iglesia. Analizando el fin de la Guerra Fría, afirma que “el tridente que formaban Juan Pablo II, Margaret Thatcher y el presidente americano se llevó por delante al comunismo y a la Teología de la Liberación”, y recuerda que eso “ha costado vidas” como las de Monseñor Romero o los jesuitas de Ellacuría.

También nos cuenta que “el Papa Benedicto dijo deliberadamente que no quería que se revisase su discurso de la Sorbona, que encendió al mundo musulmán”, y que a causa de ello “el jefe de seguridad del Vaticano tuvo que aumentar las medidas”.

En cuanto al fenómeno de la globalización y los cambios que ha provocado en el mundo actual, reconoce que ahora tenemos mayor acceso a la información, pero advierte que “todo ese caudal de información requiere un nivel de formación previa para poder seleccionarla y analizarla”.

¿Cuál es el papel de la Santa Sede en este mundo global, a nivel político, diplomático o de representatividad? ¿Es la única institución que tiene representantes en prácticamente todos los rincones de la tierra?

Vivimos en un mundo convulso, en un mundo que está buscando un nuevo imaginario. Hemos pasado del imaginario griego (de la Antigua Grecia) al imaginario favorecido por la Revolución Francesa y la Revolución Americana; y ahora estamos en busca de ese tercer imaginario, que todavía no se ha definido muy claramente, y que se apoya en un nuevo paradigma de la tecnología y de la comunicación. En la disponibilidad de información que ha propiciado Internet, etc. A lo largo de la historia nunca la información había sido tan accesible al hombre de a pie, al hombre corriente.

¿La contrapartida es que la información es también cada vez más manipulable?
Claro. La información es acéfala, no piensa por ti. Y todo ese caudal de información requiere un nivel de formación previa para poder seleccionarla y analizarla, y así llegar a conclusiones útiles. Así lo entienden la mayoría de los estados, y también muchas de las grandes compañías multinacionales, que tienen especialistas en analizar la información.

¿Ya no son los estados los que controlan la dinámica de la civilización? ¿Tienen más capacidad de influencia (económica y política) las grandes empresas, los lobbys… etc.?
Sí, éste es otro cambio. Hemos pasado de la dinámica política de la Guerra Fría, a una dinámica diferente que es sustancialmente económica. Cuando vemos a África, un continente que tiene el 80% de los recursos estratégicos (como pueden ser gas, petróleo, coltán…), vemos una nueva Guerra Fría entre potencias, esta vez en un mundo multipolar y asimétrico (ya no el mundo bipolar del enfrentamiento simétrico entre 2 potencias), donde hay varias potencias que rivalizan por conseguir esos recursos estratégicos tan importantes para todos.

¿Cómo se posicionan en esa dinámica la Iglesia y la Santa Sede?
Efectivamente, hay que hacer una distinción de terminología y de concepto. Una cosa es la Iglesia en su faceta evangélica, pastoral, etc.; y otra cosa muy distinta es el Vaticano como estado reconocido por la inmensa mayoría de los países. Y a raíz de esto hay otra diferencia: que el Vaticano es una realidad de existencia reciente (de 1929), mientras que la Santa Sede existe prácticamente desde el comienzo mismo del cristianismo. En las Relaciones Internacionales, a nivel diplomático, siempre se utiliza el término “Santa Sede”. Conviene tener en cuenta estas distinciones.

¿Debería ser la Santa Sede un actor de primera línea en la construcción de este nuevo orden mundial? ¿Qué diferencias hay entre la visión de la política exterior de Juan Pablo II, y la de Benedicto XVI?
Cuando el antiguo cardenal Joseph Ratzinger fue elegido, una de las dudas que se planteaba a nivel de política exterior era cómo iba el nuevo Papa a igualar la trayectoria de Juan Pablo II, que era el hombre de la intuición, del carisma impresionante, de la imagen. Benedicto tiene otra personalidad, es un hombre más metódico, más volcado en lo intelectual. Indudablemente, hay diferencias muy notables. También es verdad que Juan Pablo II vivió en una época complicada (el fin de la Guerra Fría), y sus palabras desde el balcón (“No tengáis miedo…”), supusieron el principio del fin del comunismo en Polonia. Se ha escrito mucho sobre el tridente que formaban Juan Pablo II, Margaret Thatcher y el presidente americano. Al hilo de esto podemos interpretar, a vista pasada, qué sucedió con la Teología de la Liberación.

¿No era una cuestión tanto de ortodoxia, como política?
Efectivamente, yo creo que era una cuestión política. No puedes decirle a Estados Unidos que tú vas a combatir el comunismo en Polonia, permitiendo la Teología de la Liberación en Latinoamérica, que era un escenario de la Guerra Fría.
Sí es cierto que había un contenido marxista en la Teología de la Liberación, pero no creo que sea su esencia. Lo que pasa es que, en ese contexto, el Papa Juan Pablo II tuvo que tomar una decisión, y también se cometieron errores. Recordemos que eso ha costado vidas. Monseñor Óscar Romero, o el caso de los jesuitas en El Salvador (Ellacuría y demás).

¿Hombres que lucharon y que no se sintieron respaldados por una institución que probablemente podría haber hecho más?
Pues sí. Cuando vas analizando cómo se desarrollaron los acontecimientos, ves cosas como que los jesuitas eran ciudadanos españoles, y 8 meses antes de que fueran asesinados, nuestros servicios de inteligencia españoles, así como la CÍA, sabían que algo se estaba moviendo en el Estado Mayor. Entonces se desmanteló la antena que tenía el CNI en El Salvador.

¿Sabían, pero no quisieron saber?
Ahí lo dejo.

¿Está haciendo Benedicto XVI algunos acercamientos diplomáticos a China, Taiwán, Cuba…? ¿Cómo son sus relaciones con el mundo árabe?
Muchos dicen que Benedicto XVI es un hombre apolítico, pero no es cierto. Sí hace política, pero la hace de una forma original, y muchas veces contradictoria. También se ha dicho, desde fuentes internas del Vaticano, que no se deja asesorar mucho en este aspecto. Fue lo que pasó, por ejemplo, con el famoso discurso de la Sorbona. Funcionarios vaticanos quisieron repasar el discurso, y si se hubiera hecho, como normalmente, posiblemente esa frase no hubiera aparecido. Pero fue el propio Papa el que, deliberadamente (consciente o inconscientemente), dijo que no quería que se revisase ese discurso que había escrito. Y así pasó que esas famosas palabras encendieron al mundo musulmán. A raíz de eso, precisamente el jefe de seguridad del Vaticano tuvo que aumentar las medidas.
Luego es verdad que la cosa acabó bien, porque la audiencia que tuvo con el rey de Emiratos Árabes se hizo famosa, pero eso no quita que no hubiera hechos contradictorios. De todas formas, yo creo que tenemos que quedarnos con lo que les está pidiendo el Papa Benedicto al Islam. Les está diciendo: “Oye, comenzad la tarea que nosotros tuvimos que hacer para interpretar la Biblia”. El esfuerzo de no leerla literalmente nos costó dos siglos. Fue el esfuerzo interpretativo-hermenéutico que hizo la Ilustración.

¿No es muy reduccionista pensar que el Islam está en nuestro siglo XIV o XV?
Bueno, es que la interpretación del Corán la hacen de una manera mucho más literal, sobre todo algunos grupos. No hay que generalizar, ni quedarse con los fundamentalistas islámicos, pero sí es verdad que el Papa les anima a conciliar la fe y la razón, y a hacer ese esfuerzo de interpretar la Escritura con renovación.

¿El caso Vatileaks ha hecho desaparecer el silencio que hizo famosa a la institución vaticana? ¿Se ha roto definitivamente el muro de los documentos secretos, de la información sobre la banca, las finanzas, etc.? ¿Es esto un fallo estratégico por parte de la Santa Sede, o una lucha interna de poder cuyos culpables están todavía dentro?
Yo creo que el Vaticano tiene que mejorar en la manera en como analiza cuestiones que tienen que ver con la información que recibe, y en cuestiones de seguridad interna. Eso pasa en la Santa Sede como en cualquier estado o compañía multinacional en los que se producen filtraciones de información. Pero sí que es verdad que hay un déficit de manejo de este tipo de situaciones por parte de la Santa Sede.

¿Cuáles son los puntos clave que debería afrontar la diplomacia vaticana para interactuar eficazmente en el mundo que se está construyendo?
Nunca hay bases inamovibles, y la diplomacia vaticana, además, si por algo se caracteriza es por su flexibilidad. Lo mismo un día dialoga con un dictador de Latinoamérica que con el presidente de EEUU. Esa ductilidad la hace enormemente eficiente y eficaz. En ese sentido, si tuviéramos que poner unos puntos importantes, habría que poner el acento en defender la democracia en el mundo.
En Cuba, por ejemplo, con la actuación de Juan Pablo II se avanzó muy poquito. En ese contexto EEUU estaba muy enrocado y no ayudaba; pero ahora, en cambio, ha habido un proceso de diálogo y acercamiento, EEUU también ha cambiado su postura, y estamos viendo los frutos. Hay toda una serie de presos que están saliendo gracias a la mediación de la Iglesia, que además va a recuperar una institución educativa muy importante. La tarea es complicada, pero se ven avances.

África es el granero del mundo, y la Iglesia es la institución que más trabaja en el continente. ¿Cuáles son sus principales problemas?
La construcción de las fronteras en África no es baladí, porque allí llegaron los colonizadores, y no atendieron ni a religión ni a etnia, nada más que a circunstancias meramente políticas. De ahí vienen las situaciones de estados fallidos como Somalia, que son la consecuencia, también, de lo mal que se hizo el proceso de descolonización. Pero, ciertamente, la labor de los misioneros es impresionante. La Iglesia tiene gente trabajando en los rincones más difíciles del mundo.

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