La salud y la Biblia

La Sagrada Escritura nos habla en una sus páginas sobre la salud y la enfermedad, sobre el médico y el enfermo. Es la lección contenida en el libro del “Eclesiástico”, Cap. 38, versículos 1 a 15. ¿Cuál es el camino que debe recorrer el enfermo para recuperar la salud perdida?.

Lo primero que el enfermo debe hacer lo leemos en el v.9: “Si estás enfermo, hijo mío, no seas negligente, ruega al Señor, y él te sanará”. Debemos, en primer lugar, acudir a Dios, porque Él “sana con sus manos” (Jb 5,18) y “del Altísimo vine la curación” (v.2). Jesús vino a curar al hombre entero, alma y cuerpo “Jesús recorría toda la Galilea… curando todas las enfermedades y dolencias de la gente… y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y Él los curaba” (Mt 4,23-24). “Después de rogar al Señor no incurras en falta, enmienda tu conducta y purifica tu corazón de todo pecado” (v.10).
De ese modo, la oración será grata a Dios. Sabemos que el pecado es la mayor de las enfermedades espirituales, y mientras esté presente constituye un grave obstáculo para recuperar la salud perdida. Acto seguido “ofrece el suave aroma y el memorial de harina, presenta una rica ofrenda según tus medios” (v.ll). “Estas ofrendas que el enfermo hace, hará que Dios tenga presente su oración e infundirá en aquél la esperanza de ser escuchado. Esta “rica ofrenda” podrá consistir, en primer lugar, en participar de la celebración eucarística para gloria de Dios y por nuestra salud, y haciéndola celebrar por estos motivos. También podrá hacerse la ofrenda de compartir los bienes, para las necesidades de la Iglesia y de los pobres y además, hacer el ofrecimiento de nuestra propia existencia al Señor.
Finalmente, el enfermo también deberá recurrir “al médico, pues el Señor lo creó también a él, que no se aparte de tu lado, pues lo necesitas” (v.l2) , ya que “en algunos casos, tu mejoría está en sus manos, y ellos mismos rogarán al Señor que les permita dar un alivio y curar el enfermo, para que se restablezca” (vv. 13-14). Y el médico utilizará los sencillos y maravillosos remedios que Dios, Padre sabio y bueno, puso en la naturaleza: “El Señor puso en la tierra medicinas…con estos remedios el médico cura y quita el dolor…” (vv. 4 y 7)

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