Manuel Olalla, el noble pastor “zurdito” o elogio de un hombre íntegro

Manuel Olalla, el noble pastor "zurdito" o elogio de un hombre íntegro Manuel Olalla tiene 65 años y secundario completo, pero esto no lo convierte en un hombre íntegro. Desde hace 46, está casado con Ana María y tienen tres hijos, tres nietos y otro más por venir, pero esto no lo convierte en un hombre íntegro. Fue visitador médico durante treinta años y también estuvo varios años trabajando en el Servicio Meteorológico; como imaginarán esto tampoco lo torna íntegro.

Manuel es pastor de la Iglesia Evangélica Bautista y he aquí parte de su integridad: tiene una enorme capacidad para ponerse en el lugar de otro, para poner en riesgo su fe y para dar a cada actividad o pensamiento que lo atraviesa una impronta social. Nada que Manuel diga o haga, deja de estar influido por su conciencia social: para él, de hecho, de nada sirve todo el poder de su Dios manifestado, si quien lo detenta no es capaz de bajar la vista hasta el gesto más breve de la humana vida. Por eso, además, es un hombre sabio.

Naturalmente, podríamos suponer que todo religioso debiera asumir esta capacidad de empatía, de piedad y de compromiso con su entorno, pero bien sabemos que lejos, muy lejos, están de ser así las cosas. He aquí, pues, su carta de integridad: Manuel, el pastor, es capaz de negarse así mismo en pos de la comprensión, de la construcción y más: de la salvación –diríamos, según su credo– del otro.

Como pastor, está a cargo en Las Heras de un grupo de treinta familias evangélicas bautistas (hay más de veinte grupos en Mendoza). Pertenece a los grupos de diálogo ecuménico, manteniendo contacto habitual con representantes (gente abierta, como él, se entiende) de los credos de los judíos, musulmanes, católicos, budistas y aún con los hare krishnas e incluso con agnósticos: “Hay que buscar un proyecto en común. Si la religión no es dialoguista, si no se pone en el lugar del que piensa y cree distinto, no sirve. Nadie es dueño de la verdad. La única manera de construir una verdad, es a través del diálogo”, suelta, mientras se acomoda. Escuchémoslo. Manuel tiene cosas para decirnos.

Entre otras cosas, trabaja también con el ARCA (grupo que fomenta la economía social y el apoyo a pequeños productores), con la gente de VALOS, perteneció al grupo “Cambiemos la política”, impulsa en su zona los Banquitos de la Buena Fe y es presidente de la Asociación Carlos Mujica, que trabaja en varios barrios carenciados de la provincia, junto a jóvenes católicos.

- ¿Qué le pasa a los hombres, Manuel?

- No sé, pero hay algo evidente: no estamos haciendo bien las cosas. Nuestra misión en el mundo, la de todos, no está siendo cumplida de la manera más adecuada.

- ¿Y qué le ocurre a las religiones, que asumen poco compromiso con los problemas sociales profundos?

- La religión, en esos tiempos del capitalismo, está enseñando que la única salvación posible es salvarse solo. Y el tema es justamente lo contrario. Las religiones, me parece están fallando en esto, porque la verdad o está en todos lados o no está en ninguno…

- No es común escuchar lo que dice justamente en un pastor …

- Yo tuve mi propio proceso para ir dejando de lado los fundamentalismos evangélicos. La religión es un hecho humano, con la impronta de quien busca niveles de existencia más nobles y de compromiso. Desde este lugar, yo soy religioso. Es un hecho inobjetable que la religión está influenciada por las corrientes políticas, sociales y antropológicas del momento que viven. La religión es una construcción más. Ahora, por ejemplo, en tiempos de capitalismos salvajes, aparece la “teología de la prosperidad”. Con eso del “pare de sufrir” le dicen a la gente que –si hacés lo que ellos dicen– Dios te premiará con bienes materiales. Esa iglesia es una auténtica institución del neoliberalismo, pero no debiera sorprendernos, pues ¿qué tipo de religión esperamos que pueda producir un sistema como el capitalista? La religión jamás debería enseñar que uno se salva solo o que acumulando posesiones se llega a Dios.

- ¿Cómo es el templo de ustedes?

- No es un templo. Esa palabra suena a algo imperial, algo que se erige para un monarca. Nosotros tenemos un espacio. Y lo que hacemos es pensar en un Jesús histórico, en Jesús como un siervo sufriente que se entrega al prójimo, sin pensar en acumular posesiones.

- ¿Y cómo funciona su rol de pastor?

- No es un cargo jerárquico, yo no mando a nadie. Soy pastor mientras mi comunidad quiere que lo sea y, cuando no quiere, dejo de serlo. Somos una gran familia, que cree en Jesús como enviado de Dios. Y nos preguntamos por ese Jesús. Nosotros, a diferencia de la Iglesia Católica, rescatamos el Jesús histórico y no el Jesús de la fe. Rescatamos el Jesús que defendió a los pobres. Afortunadamente, los textos primitivos nos muestran claramente que la Iglesia no era lo que es hoy. Era algo más cercano a una comunidad compartiendo sus bienes…

- Ustedes, sobre todo para el discurso del mendocino conservador, creyente y de clase media, deben ser “medio zurditos”…

- (risas) Sí, sí, gracias a Dios somos “zurditos”. Las corrientes teológicas y de interpretación bíblica consideran que los Evangelios son documentos no literales; son, en todo caso, metáforas para hablar sobre el mundo y las cosas. En este sentido, apelando al Cristo histórico, estamos muy cerca de corrientes como la Teología de la Liberación. Por eso, nosotros seguimos a un Cristo que estimamos vivía más o menos como nosotros… El cristianismo es interesantísimo para proyectar bases de otro mundo posible, un mundo más justo socialmente hablando.

- ¿Vivimos entonces en un mundo sin Dios?

- Vivimos el secularismo, una impronta nacida en el siglo XX. La religión tiene mucho que ver con esto, porque no ha sabido responder ni adaptarse a los tiempos que le toca vivir. En esto también, lamentablemente, la Iglesia Católica tiene mucho que ver, porque no supo adaptarse. Fíjese que las religiones se basan en hechos revelados por profetas y los profetas dejaron de hablar hace muchos, muchísimos siglos. ¿Cómo es posible que Dios hable sólo a través de profetas y cómo es posible que los profetas hayan dejado de hablar? ¿Dios se reveló hace tantísimo tiempo y dejó de hacerlo? ¿Lo que dijo era todo lo que había para decir? ¡No! Estamos despojando a Dios de una herramienta fenomenal: la comunicación. Por eso, muchos dicen “Dios ha muerto”, pero no es así.

- ¿Cómo sería Jesús en estos días?

- Sería el primero en criticar la religión y el poder en torno a ella. Eso, de hecho, hizo en su tiempo y por eso lo mataron. Nosotros deberíamos ampliar la trascendencia de la religión. Dios es más que la religión. Es un padre que se actualiza a través de sus hijos. Es capaz de, por ejemplo, aceptar el matrimonio homosexual. ¿Por qué no? ¿Cómo que no lo acepta? Si el matrimonio es afecto, es amor, ¿con qué argumento diría Dios que no al amor?

- Bueno, por estas cosas, se está quedando sola la religión…

- Mire lo que voy a decirle: la religión es la principal protagonista de la ausencia de Dios. Hemos planteado al mundo un Dios separado de lo humano, un Dios poderoso y que castiga y que te trae mala suerte si no le hacés caso. ¿Qué clase de personaje hemos fabricado? La religión es un escollo para que la gente crea en Dios.

- Los fundamentalistas le van a saltar al cuello…

- Nuestro grupo tiene un lema: “al servicio de otro mundo posible”. Estamos alejados de los fundamentalismos.

- ¿Y qué opina de aquellos que piden “mano dura”?

- Es algo terrible. Pedir tal cosa muestra la ausencia de Dios. El cristianismo tiene una parábola maravillosa al respecto, es la del hijo pródigo, aquel que dilapida todos sus bienes en placeres. Luego, quiere regresar a su familia y su padre, feliz, sale a recibirlo, a aceptarlo de nuevo. Entonces, aparece el hermano mayor, que juega el papel de la “mano dura”, queriendo castigarlo y quejándose ante su padre, por querer reintegrarlo a la familia e incluso hacer una fiesta. Pues igual que ese padre debemos hacer nosotros, reintegrando a los que se equivocaron y haciendo una fiesta cada vez que esto sucede, porque significa que aquel que estaba en la perversidad, ha sido recuperado. A los que piden “mano dura” yo les preguntaría si a sus propios hijos no eligen darles otra oportunidad, aunque se hayan equivocado. Aparte de esto, ¿con qué autoridad moral salen los que salen a pedir mano dura? Por eso, la buena noticia no es que atrapen a un delincuente, sino que uno que sale en libertad, rectifique su vida.

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