Mark Neugebauer De judío ortodoxo a judío mesiánico, luego evangélico y ahora católico por Teresa de Ávila y Stein

Mark Neugebauer se educó como judío ortodoxo; en cierto momento de su vida, se convenció de que Jesús era el Mesías prometido y se hizo judío mesiánico; más adelante dio el paso completo al cristianismo evangélico de tipo carismático y en 2009 entró en la Iglesia católica, movido por el ejemplo de otros judíos católicos y con lecturas de Edith Stein (Santa Teresa Benedicta de la Cruz), San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Ávila.

Neugebauer explica que él nunca ha dejado de ser judío, ni mesiánico, ni evangélico: para él, el camino ha sido de crecer en plenitud, de “adición y multiplicación, no de división y substracción. Mi conversión es diaria al Señor”. Y como católico, disfruta de todo lo que encuentra en la Iglesia: la tradición, la historia, la cultura, el Papa, la persona real de Cristo en la misa… y poder compartir con mucha gente las raíces judías de la fe.

Perseguidos en Rusia y Alemania

Este viaje empezó muy lejos, en una familia judía ortodoxa muy dañada por el recuerdo de las persecuciones. “Mi padre es un superviviente del Holocausto de Auschwitz y la familia de mi madre sobrevivió a los pogroms en Rusia. Ambos se instalaron en Canadá y nos criaron a mi hermana y a mí en un entorno judío, en lengua yiddish, donde todos nuestros amigos eran judíos. Yo iba a la sinagoga los sabbaths y en las fiestas importantes. Era un hogar judío conservador en Toronto. El cristianismo era una religión extranjera, la fe de los anti-semitas y los que odiaban a los judíos, el credo de los cruzados, los inquisidores, los perseguidores y los nazis. Pero aún así mi madre me recordaba que Jesús fue un judío”.

El libro yiddish que hablaba de Jesús

Un día, el joven Mark leyó un libro del escritor en yiddish Sholem Asch, titulado El Nazareno. Él no sabía los problemas que había tenido Asch cuando publicó este libro en 1939, un libro judío que hablaba muy bien de Jesús, y que iniciaba una trilogía, junto con otro sobre la Virgen y otro sobre los apóstoles. El diario neoyorquino en yiddish, “The Forward”, con más de 170.000 ejemplares de tirada en esa época, prescindió de los servicios de Asch acusándole de fomentar el cristianismo.

Lo cierto es que el Jesús de Asch cautivó a Mark. Después vio la película “Jesús de Nazaret”, y se reforzó su atracción por Él.

Y cada año escuchaba en Navidad “El Mesías”, de Händel, y leía el libreto: “por nuestras transgresiones fue herido, dañado por nuestras iniquidades; en sus llagas nos hemos curado”. Él pensaba que era un fragmento del Nuevo Testamento sobre Jesús… hasta que descubrió que era un texto de la Biblia hebrea, de Isaías (capítulo 53).

Jesús ¡es de verdad el Mesías!

Resultó que en su coro musical había dos jóvenes judíos con una paz especial. “Les pregunté qué es lo que les ayudaba y me dijeron: Jesús”. Eran judíos mesiánicos, judíos que creían que Jesús cumplía las profecías bíblicas a Israel, pero aunque se las expusieron, él no se convenció por eso. “Lo que yo oí fue al Señor hablando a mi corazón y diciendo: Jesús es el mesías, Él es Señor”. Y entró en la congregación judía mesiánica de Toronto.

Se llevó a casa un Nuevo Testamento en hebreo, se lo estudió, rezaba con él. Entre furia y lágrimas, rezaba para que su familia se convirtiese y aceptase a Yeshúa como Mesías, y mientras tanto “el Señor me confortaba con el más dulce amor y con su intimidad”.

Estudió hebreo y griego y los Padres de la Iglesia. Su profesor de griego en la Universidad de Toronto era un católico devoto con quien tuvo buena amistad. Mark se especializó en estudios helenísticos del Próximo Oriente: es decir, los textos en griegos de autores judíos, helenísticos… lo que incluía el Nuevo Testamento.

Adquirió responsabilidades en la congregación judeomesiánica, conoció allí a Susan, su esposa, se casaron y educaron a sus dos hijos como judíos mesiánicos. “Rezábamos y trabajábamos por la salvación de los judíos, y servíamos a los que se unían a la fe”, recuerda.

La extraña belleza de la liturgia católica

Con 29 años, en un curso de docencia, hizo unas prácticas sobre religión católica en una escuela católica, y aunque él no era católico, dirigía algunas oraciones de los niños y les enseñaba el Catecismo. “Esto es sorprendente porque entonces yo era fuertemente anti-católico”, aunque se daba cuenta de que le atraía de forma extraña la liturgia y la belleza de la Iglesia Católica.

Al cabo de unos años, Mark y su familia ingresaron en una iglesia evangélica carismática. No era tan distinta a su congregación judeomesiánica, aunque Mark dice que aprendió mucho sobre oración y cómo escuchar a Dios, dirigiendo un grupo masculino y responsabilizándose de la oración de intercesión por los demás. Mantenían lazos con el mundo mesiánico y organizaban muchos encuentros de oración por Israel, rezando por judíos y árabes.

Cristianismo apasionado en la EWTN
Entonces sucedió que algunos amigos de Mark, antiguos católicos en entornos evangélicos, volvieron a la fe católica. Le animaron a ver la EWTN, el canal de TV de la Madre Angélica, y quedó asombrado: “descubrí un cristianismo apasionado, hermoso y lleno de fe. No había visto nada así. Pese a los problemas doctrinales -María, los santos, el purgatorio- mi corazón se sentía atraído de formas inesperadas. Cuando escuché que judíos católicos compartían sus testimonios, supe que tenía que investigar más”.

Por un lado, los 2.000 años de relación entre la Iglesia y el pueblo judío han incluido muchos capítulos muy tristes, pero a Mark le reconciliaba “Nostra Aetate” y la enseñanza del Vaticano II sobre el pueblo de Israel, así como los pasos de fraternidad dados por Juan Pablo II. “Sentí la necesidad profunda de perdonar a la Iglesia y me arrepentí también de mis propios juicios. Ser judío y explorar el catolicismo era algo seguro”, consideró.

Un sueño hacia España
Mark soñó en esos días con “hombres vestidos de marrón”. Unos amigos le recomendaron conocer la oración contemplativa y sus grandes maestros carmelitas, españoles: Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz. “Estaba sobrecogido por una presencia de Jesús que nunca había experimentado antes y determinado a buscar más”.

En 2007 murió su hermana en circunstancias trágicas. Él era aún evangélico, pero acudía a una parroquia católica buscando un espacio silencioso de oración. En medio del dolor, buscaba gracia y contemplación. Notaba una presencia especial en la iglesia. En 2008 él y su esposa se apuntaron a un encuentro de Cuaresma en la parroquia, centrado en el libro de Ralph Martin “Cumplimiento de todo deseo”. A partir de ahí empezó a sentir el deseo de comulgar: “ahora yo experimentaba la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía; quería comulgar pero no podía”.

Siguieron acudiendo a actividades parroquiales: un “rally” de oración, una adoración eucarística, una oración de la Divina Misericordia… Encontró más testimonios de judíos actuales, llegados al catolicismo, como Roy Schoeman. Empezó a escribirles, a conocer sus experiencias como judíos católicos, y a leer webs como la de la Asociación de Hebreos Católicos (www.hebrewcatholic.org).

La Biblia y el Catecismo, “una delicia”
Sus amigos le recomendaron apuntarse a las clases parroquiales de “Iniciación cristiana para adultos”, sólo por interés. Pero en la parroquia le dieron clases privadas sólo para él porque al fin y al cabo era un especialista en Biblia con 30 años de experiencia pastoral. Estudiaba con unos cuestionarios de pregunta respuesta, con la Biblia y el Catecismo como únicos libros de texto. “Era una delicia”, explica. Y el Señor, afirma, le convencía de los puntos doctrinales más complicados para él.

Mark empezó a rezar preguntando a Dios si debía hacerse católico, él, que era judío. Además, rezaba, “no soy digno de recibirte”. Leyó la biografía de Edith Stein y pidió a Dios que le enviase algunos hebreos católicos que le confirmasen que era correcto que un judío mesiánico se hiciese católico. Y sintió que Dios le respondía: “ya te he enviado uno, ¿qué más quieres?” Se refería a Edith Stein, y sintió la intercesión de esta santa carmelita y de su antecesora, la que con sus escritos causó la conversión de Stein, Teresa de Ávila.

Plenamente perdonado
Pasados 32 años desde su bautismo como judío mesiánico (trinitario y válido desde el punto de vista católico), Mark se confesó “y por primera vez desde mi bautismo me sentí plenamente personado y libre de culpa”. Poco después, en la Vigilia de Pascua de 2009, con 51 años, recibía la Confirmación e ingresaba plenamente en la Iglesia.

Ha contado su testimonio en “The Hebrew Catholic”, en “The New Evangelist” y en algunos programas de TV.

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