Para leer la Biblia

Cuando el Presidente Uribe Vélez restableció la obligatoriedad de las clases de Religión, es probable que lo haya hecho para “pagar” el apoyo de la mayor parte de los grupos cristianos en su primera elección.

Entonces se desató una discusión nacional sobre los contenidos de tales clases aunque en realidad era muy difícil llegar a un consenso, en especial por el carácter no confesional de nuestra Carta Magna. Un buen objetivo en esta materia es la capacitación de nuestros muchachos para que en el futuro no se vuelvan a presentar las estafas como las que hoy vemos con la cruz del Gólgota o con las numerosas sectas o negocios de garaje y de falsos profetas o “enviados” de Dios.

Para que los colombianos no se dejen engañar por tantos charlatanes, los mejores teólogos católicos y luteranos nos proponen algunos principios a los que podemos agregar las recomendaciones de otros eruditos. Veamos.

1. Un principio esencial y aceptado por los cristianos no fundamentalistas señala que la Biblia no es un libro histórico aunque algunos acontecimientos allí narrados sí lo sean.

2. Debe tenerse en cuenta el año en que cada libro fue escrito. Por ejemplo, el texto de Da-niel, que narra eventos aparentemente ocurridos en el siglo VI antes de Cristo, fue escrito hacia el año 170 a. de C., esto es, unos cuatrocientos años después. Los evangelios se redactaron después del año 70 de nuestra era; el evangelio de Juan fue escrito hacia el año 100, setenta años después de la muerte de Jesús y por ello algunos investigadores lo consideran el menos histórico de los cuatro. Con el dato del año de redacción de cada libro podemos entender que muchas profecías en realidad no lo eran.

3. Para leer la Biblia debe tenerse un buen conocimiento de las mitologías de otras naciones, en particular la de aquellas imperiales que dominaron al pueblo de Israel. Así se apreciará cómo los judíos fueron asimilando las creencias y doctrinas extranjeras, en particular de la religión persa y las religiones paganas o mistéricas de los griegos, determinantes en la aparición del Cristianismo.

4. El pueblo judío estaba conformado por distintas sectas o partidos con variadas ideologías: saduceos, fariseos, esenios, zelotes y la comunidad del Qumran. Algunos creían en la vida después de la muerte y el juicio final, en tanto que otros no aceptaban la inmortalidad del alma.

5. Debe hacerse una lectura horizontal de los evangelios, es decir, cada evento o anécdota debe leerse simultáneamente en los cuatro evangelios para detectar las numerosas contradicciones e incongruencias que solo tienen sentido en las circunstancias históricas en que se escribieron. Juiciosos estudios modernos muy serios descubren las numerosas falsificaciones y modificaciones a que fueron sometidas las escrituras a medida que se hacían nuevas transcripciones (consulte el texto “Jesús no dijo eso” del profesor norteamericano Bart D. Ehrman ).

6. Es importante enfrentar las sagradas escrituras con espíritu crítico e informado, ayudado con los estudios arqueológicos e históricos de que disponemos en Internet. Textos como La Biblia desenterrada, de Israel Finkelstein, y los estudios sobre la historia de Jesús, del sacerdote John Dominic Crossan, ya citado en artículos anteriores, pueden ser de mucha ayuda.

7. Dos documentos descubiertos apenas en el siglo pasado son muy importantes en el estudio del Nuevo Testamento: el evangelio de Tomás, encontrado en 1947 en NagHammadi, Egipto, y el llamado evangelio Q, por el término alemán “quelle” que significa “fuente” y que contiene los dichos de Jesús incluidos en los evangelios de Lucas y Mateo pero que fueron ignorados por Marcos, anterior en el tiempo.

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