¡Por favor dennos un cristianismo sencillo y limpio!

Llevo más de 30 años siendo cristiano. El cristianismo, desde muchos puntos de vista, ha constituido también el eje de mi vida profesional: he leído mucho sobre él, también he pensado mucho y he escrito algunas cosas al respecto…

No siempre he tenido las mismas ideas. Un viejo proverbio polaco dice que: “sólo las vacas no cambian de opinión”. A veces he visto a personas (y me he visto a mi mismo) interrogándose, y debatiéndose entre la gran cantidad de ideas y opiniones, escuelas y diferencias que hay sobre la fe. Muchas veces, ante tal o cual aspecto polémico, me he preguntado: ¿quién tendrá razón? ¡He hablado con tanta gente!: carismáticos, neocatecumenales, legionarios, miembros de Opus Dei, gente de comunidades de base, progresistas en general, partidarios de Teología de la Liberación, conservadores a ultranza… Cada uno de ellos presenta una manera particular de entender el mensaje de Jesús. Supuestamente lo “esencial” es común a todos, pero lo cierto es que, al final, esas supuestas pequeñas diferencias acaban plasmándose en estilos de vida tan diferentes… que uno puede plantearse la pregunta del principio: ¿quién tendrá razón?.

Obviamente ¡es la Iglesia quien tiene razón! y sus orientaciones se transmiten a partir del carisma de la Jerarquía, cuyo fines son, entre otros, el mantenimiento de la ortodoxia de la fe y la unidad de los cristianos. Pero eso no soluciona la orientación en la vida diaria de miles de cristianos de a pie…

Por dicha razón, y a medida que el tiempo pasa, valoro cada vez más el cristianismo de los orígenes. No es que piense ingenuamente que en el siglo I todo era una maravilla y todos pensaban igual. De hecho ¡había tantos problemas como hoy! Sin embargo a mi me ayuda mucho conocer lo más exactamente posible qué creían y qué vivían aquellos hombres y mujeres que estuvieron tan cerca en el tiempo del Señor Jesús, por eso, desde hace unos años me he propuesto saber todo lo que pueda saberse de lo que en realidad fue el proyecto de Cristo: hay magníficos libros de exégesis que lo explican con gran claridad, e intento estar más o menos al día.

Y cada vez llego más a la misma conclusión: el Evangelio es sencillo, y está escrito pensando en los sencillos. Básicamente ese mensaje era una buena noticia: “Dios existe, te quiere, ¡es tu pápá! Te ha indicado con unas leyes como debes comportarte para que te vaya bien, pero si metes la pata y te arrepientes Él siempre te perdonará porque desborda misericordia y amor por ti. El pecado no podrá con el mundo porque su Hijo vino a morir por todos nosotros. Desde entonces podemos hacer el camino cantando. En esta vida a veces se pasa muy mal, pero hay que tener esperanza porque al final tu existencia acabará bien. En realidad todo acabará bien. Lo único que tienes que hacer es relacionarte con ese Dios que te ama tanto, protegerte con sus mandamientos y tratar bien a los demás. Y, por último: ¡no puedes imaginarte lo que te está preparado cuando pases esta prueba que solo durará X años!”

Escuché decir una vez a un experto que el símil de la Boda se escogió porque era la mayor fiesta que un judío podía concebir. Pues, eso, “la mayor boda, la mayor fiesta, la mayor juerga (en el buen sentido), la mayor alegría, el disfrute más inimaginable, eso es lo que Dios tiene preparado para los que le aman, ¡Ya verás!”.

“El Reino que ya llega, significa que en esta tierra debes ir entrenándote para lo que va a ser el Cielo: ama todo lo que puedas, disfruta todo lo que puedas desde los límites que te marcan los mandamientos. Ábrete a los demás, aprende a vivir en comunidad, porque así vivirás por toda la eternidad…”

Eso es lo que hay. En realidad, no hay mucho más.

Por eso me da pena cuando este mensaje luminoso y sencillo, es oscurecido por un montón de deducciones y proyecciones humanas. Ya saben a lo que me refiero, a los hombres nos encanta rizar el rizo y ser más papistas que el papa. Si los judíos derivaron de los 10 mandamientos nada menos que 613 normas (en realidad, para un ortodoxo pueden ser muchas más), los cristianos a veces creamos movimientos, fundaciones, corrientes de pensamiento, o lo que sea, en la que cargamos a nuestros hermanos, y a nosotros mismos, con montañas de normas, consejos, reglamentos, opiniones probables y “carismas propios de”, que al final ocultan el verdadero mensaje de-lo-que-es-¡Una-Buena-Noticia!

Mis árboles no me dejan ver el bosque que hay tras ellos, ni te lo dejan ver a ti, por eso tú y yo no nos reconocemos.

Como algunos humanistas del Renacimiento, sueño con un cristianismo sencillo y vivo, libre (en cuanto pueda serlo) de comentarios al margen, y notas a pie. Un evangelio interpretado y predicado por la Iglesia lo más llana y sencillamente posible. Un evangelio que se oferte en términos de testimonio personal auténtico, no de poder, ni de búsqueda de influencia: lo más limpio que conseguirse pueda de adherencias sociológicas e históricas.

Y, si quieren, para terminar, les cuento un sueño. Sueño que en esta España, tan seca y poblada de huesos muertos, como la vega de Ezequiel, el espíritu de los cuatro vientos soplará, y sobre sus pies se alzará una muchedumbre inmensa. Sueño que desde Rosas a Ayamonte, de La Coruña a La Manga del Mar Menor, hombres, mujeres y niños se juntarán en pequeñas comunidades de creyentes en Espíritu y Verdad, junto a sus pastores… sueño que su testimonio sencillo alimentará a los pobres y alumbrará una nueva generación de cristianos que dará luz a muchos.

Y ahora, si quieren, llámenme utópico o ingenuo: cuento con ello.

Pero si su corazón vibra con esta locura, no se queden parados, ¡súbanse a la ola!

Un abrazo.

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