¿Teología Evangélica Latinoamericana para Liberar? ¿Liberada?

¿Teología Evangélica Latinoamericana para Liberar? ¿Liberada? Apenas unos poquitos comentarios de paso. Estoy apercibido de que lo que digo a continuación necesita mayor precisión, desarrollo, y sustento. Pero la teología Latinoamericana generalmente se hace a la carrera en medio de una vereda.

Si lo que de verdad nos interesa como teólogos evangélicos latinoamericanos en el siglo XXI es un mensaje que sea fiel a la revelación de Dios en la Escritura y que por eso vaya más allá de la ideología capitalista o marxista, y que por eso sea capaz de traer salvación integral al ser humano, debemos reconocer que nuestros posicionamientos en el pasado no han sido sólo influidos por la teología conservadora noratlántica. Por los últimos cuarenta años la teología de la liberación (TL) ha esclavizado a muchos de tal forma que hoy no pueden pensar afuera de su marco de referencia. Esto no quiere decir que la TL no tuvo nada bueno teológicamente. Más bien este es un llamado para superar esta etapa que ha resultado ineficiente desde varias y profundas perspectivas. Esta superación no se va dar sino hasta que seamos honestos y hagamos lo mismo que se hizo con la ideología consumista, individualista, y materialista. Debemos reconocer los condicionamientos que la TL ha provisto y que no tienen ni fundamento en la Escritura, ni han probado ser eficientes a la hora de liberar integralmente al ser humano. En honor a nuestro principio fundamental en el que reconocemos como norma suprema de fe y práctica a la Escritura debe desenmascararse el constante coqueteo de algunos teólogos llamados evangélicos con posiciones puramente liberales y liberacionistas. Queriendo huir de cierto fundamentalismo hemos caído en los brazos de otro tan ciego y despótico como el primero.

A la entrada de la segunda década del siglo XXI debemos reflexionar si es posible seguir con el mismo discurso evangélico ideológico e ineficiente que caracterizó la segunda parte de siglo veinte. Discurso que en muchos respectos no recibe apoyo del texto bíblico. Discurso que tampoco ha recibido significativo apoyo de la mayor parte de las comunidades de base evangélicas. Discurso de separación y confrontación, frecuentemente de subrepticia violencia. Discurso de denuncia sin oferta, sin solución. Discurso utópico sin realismo cristiano. Mucha de la teología evangélica de este corte permanece aislada de la iglesia porque es percibida por ésta como ideologizada, abstracta, elitista, e irrelevante. La iglesia que hace décadas fue denunciada por algunos como no teniendo teología propia, ahora sigue siendo en gran proporción una iglesia que no ha querido aceptar ese tipo de teología evangélica.

Debemos reflexionar si vamos a seguir queriendo cortar nuestra interacción con otras teologías evangélicas de otros contextos (incluyendo el norteamericano y europeo). Muchos se han querido engañar (¿?) o engañarnos tratando de hacer teología en separación de la tradición evangélica que les conecta con un rico pasado. Con el afán de no ser percibidos como conservadores cerrados, algunos limitan sus influencias a escritores católicos o europeos. A veces dan la impresión de que creen que simplemente por no citar teólogos norteamericanos-citando sólo autores ingleses, alemanes, o españoles, entre otros europeos-han escapado el condicionamiento ideológico. Ha sido esta separación la que ha producido a teólogos evangélicos latinoamericanos que conocen muy poco de su herencia teológica evangélica. Llamándose evangélicos algunos conocen más a Rahner, Moltmann, y Sobrino, que a los teólogos y maestros que impulsaron el movimiento misionero a través del cual conocieron a Cristo.

Debemos reflexionar si vamos a seguir insistiendo en desvalorar-o por lo menos así es percibido-la educación teológica formal. Estoy convencido de que en Latinoamérica, muchos reconocemos que existen y debe promoverse la existencia de otras formas de educación teológica. Pero esto no debería llevarnos a descalificar a las instituciones teológicas como importaciones que deberían desaparecer. Por supuesto, lo que a veces no se nos dice es que varios de los que apoyan tales convicciones tienen ellos mismos doctorados de universidades europeas y o norteamericanas!! La historia de estas últimas décadas nos ha mostrado que la educación formal está lejos de ser una realidad que vaya a desaparecer ni en la educación secular ni en la religiosa.

Debemos reflexionar si vamos a seguir pensando-o dando la impresión de pensar-que la vocación bíblica y teológica debe desvalorarse y tomarse como secundaria frente a otras vocaciones. No creo que ninguno de nosotros piense que es correcto en nuestra reflexión teológica desvalorar otras vocaciones como la política, la sociológica, la psicológica, la histórica, la filosófica, etc. Ni la teología sistemática ni la teología histórica nos daría apoyo para sostener tal desvaloración. Pero tampoco es correcto pensar que la teología latinoamericana podrá avanzar en su tarea si abandona la reflexión teológica principalmente en manos de estas últimas. Se corre el riesgo al hacerlo de caer en una especie de teología natural que contradice formalmente a la Escritura como Norma Normans de nuestra teología. Que necesitamos seguir empujando para que surjan biblistas y teólogos evangélicos latinoamericanos se hace evidente, a no ser que queramos seguir participando en esa especie de hipocresía metodológica en la que denunciamos la importación de teologías extranjeras, pero seguimos construyendo nuestras percepciones “contextuales” con herramientas lingüísticas y teológicas también importadas!!

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